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Ormuz: la diferencia entre una solución y una pausa

Por qué una reapertura del Estrecho podría traer alivio inmediato sin eliminar el riesgo

Adaptación para formato blog basada en "Ormuz: ¿una calma reversible?" por Raúl Ovalle Marte, director de la Escuela de Economía de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y socio director de Analytica. Material preparado originalmente para la Escuela de Economía de la PUCMM.

Durante las últimas semanas hemos escuchado múltiples reportes sobre negociaciones que podrían conducir a la reapertura del Estrecho de Ormuz. Los mercados parecen haber reaccionado con optimismo. El petróleo ha retrocedido desde sus máximos, las bolsas continúan cerca de récords históricos y las proyecciones económicas globales siguen descartando una recesión profunda.

Sin embargo, existe una pregunta fundamental que merece más atención: ¿Y si la reapertura de Ormuz no fuera una solución, sino simplemente una pausa? Esa es la posibilidad que hoy merece ser considerada.

El estrecho más importante del mundo

Antes del conflicto, aproximadamente un tercio del petróleo transportado por vía marítima en el mundo cruzaba por el Estrecho de Ormuz. También transitaba por allí una parte importante del comercio mundial de gas natural licuado (LNG), fertilizantes y productos petroquímicos.

Cuando el tráfico se interrumpió, el impacto potencial sobre la economía global era enorme. De hecho, el director de la Agencia Internacional de Energía llegó a describirlo como el mayor shock energético de la historia. Y, sin embargo, los mercados no reaccionaron como si enfrentaran una crisis de esa magnitud.

La extraña calma de los mercados

La aparente contradicción es uno de los aspectos más interesantes del momento actual. Mientras el flujo físico de energía se vio severamente afectado, los mercados financieros continuaron comportándose con relativa normalidad. El S&P 500 alcanzó nuevos máximos, las perspectivas económicas globales permanecieron positivas y los precios del petróleo en los mercados financieros se mantuvieron muy por debajo de los niveles observados en otras grandes crisis energéticas.

¿Por qué? Porque los inversionistas parecen estar descontando un supuesto muy específico: que el problema será resuelto antes de que genere daños estructurales. En otras palabras, los mercados no están premiando la ausencia de riesgo. Están apostando a la capacidad de los actores políticos para contenerlo.

La verdadera tesis: Irán puede abrir sin renunciar a cerrar

Gran parte del análisis público asume que una reapertura equivaldría a una normalización. Sin embargo, la realidad estratégica puede ser diferente. Para Irán, el valor de Ormuz no radica únicamente en mantenerlo cerrado. Su verdadero poder proviene de la capacidad de cerrarlo cuando lo considere necesario. Por eso, una eventual reapertura podría representar una decisión táctica más que una renuncia estratégica. Irán podría obtener alivio económico inmediato, reducir presiones internas, recuperar ingresos petroleros y aliviar tensiones internacionales, sin perder necesariamente su capacidad de volver a interrumpir el tránsito marítimo en el futuro.

Ese matiz cambia completamente la lectura de la situación. La pregunta ya no es si Ormuz abrirá. La pregunta es cuánto tiempo permanecerá abierto.

El verdadero riesgo no está en Irán

Paradójicamente, el principal riesgo para la sostenibilidad de una reapertura podría no estar en Teherán. El factor más incierto sigue siendo la dinámica regional. Israel, Hezbollah, Hamás, las tensiones en Líbano y Gaza, así como cualquier incidente relacionado con el programa nuclear iraní, tienen la capacidad de alterar rápidamente los incentivos políticos que hoy favorecen una negociación. Un acuerdo puede firmarse. Incluso puede comenzar a ejecutarse. Pero una escalada militar significativa podría volver a cerrar la ventana de estabilidad en cuestión de días. Por eso, la sostenibilidad del acuerdo es mucho más importante que su firma.

Dos relojes están corriendo al mismo tiempo

Existe otra razón para mantener la cautela. Mientras los negociadores trabajan en una solución política, el mercado energético opera bajo restricciones físicas. Durante los últimos meses, inventarios acumulados, reservas estratégicas, petróleo almacenado en buques y rutas alternativas han amortiguado gran parte del impacto inicial.

Pero esos amortiguadores son temporales. Si la reapertura no se materializa antes de que esos colchones se agoten, el ajuste podría trasladarse abruptamente a los precios. Es una carrera entre dos relojes:

  • El reloj político, que busca alcanzar un acuerdo.
  • El reloj físico, que mide cuánto tiempo pueden sostenerse los inventarios disponibles.

El precio del petróleo terminará reflejando cuál de los dos llega primero a su límite.

¿Qué significa esto para República Dominicana?

Para países importadores de energía como República Dominicana, el desafío no consiste en predecir exactamente qué ocurrirá. Consiste en prepararse para varios desenlaces posibles.

 

El país enfrenta tres canales principales de transmisión:

  • Costos de combustibles.
  • Costos de generación eléctrica.
  • Presión sobre los precios agrícolas a través de fertilizantes y transporte.

La lección central es que la política pública debe diseñarse para la incertidumbre. No para un único escenario.

La lección de la pandemia

República Dominicana ya enfrentó una experiencia similar durante la pandemia. En aquel momento, el éxito relativo de la respuesta no dependió de la capacidad de predecir el futuro, sino de la capacidad de adaptarse rápidamente a información cambiante. Tres elementos fueron fundamentales:

  1. Monitoreo constante mediante indicadores públicos.
  2. Políticas focalizadas según el nivel de riesgo.
  3. Consulta permanente con expertos externos.

La misma arquitectura puede aplicarse hoy frente a un shock energético global.

Prepararse para una calma reversible

La principal conclusión es sencilla. Es posible que Ormuz reabra. De hecho, ese parece ser hoy el escenario más probable. Pero una reapertura no equivale necesariamente a estabilidad permanente. La capacidad de reversión sigue existiendo. Por eso, gobiernos, empresas e inversionistas deben evitar confundir alivio con resolución.

Las próximas semanas probablemente estarán llenas de titulares optimistas. Algunos podrían ser correctos. Otros podrían ser prematuros.

Lo importante es recordar que la variable decisiva no será el anuncio del acuerdo. Será su capacidad para sostenerse en el tiempo. Porque en el mundo actual, las crisis geopolíticas rara vez terminan cuando desaparecen de las noticias. Y Ormuz podría ser el mejor ejemplo de ello.

Adaptación para formato blog basada en: Ormuz: ¿una calma reversible?

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